lunes, 28 de marzo de 2011

Premios!!!!!


Muchas gracias a Laura, que tiene un hermoso blog sobre homeschool que les recomiendo visitar a las que nos llama de pronto esta alternativa, bueno, decía, muchas gracias por este premio que generosamente me da, jijiji, es mi primer premio y me emocionoa!
Este blog es creado siempre con amor y a pesar de que a veces me tardo mucho en volver a escribir, siempre que lo hago, viene desde lo profundo.
Gracias infinitas a todos y todas los que se han detenido a leer lo que vierto aquí y a quienes se toman un momento para escribir y compartir luz.

7 COSAS QUE NO SABÍAN DE MÍ:
  • Amo despertarme en calma y hasta que mi cuerpo lo haga naturalmente, algo así como a las 9:00am. (Aunque desde hace varios años eso es sólo un delicioso recuerdo, jajajaja)
  • Soy una consumada amante del chocolate, preferentemente oscuro, mmmmmm!
  • Tengo una sensibilidad que me abruma ante los ruidos y las multitudes.
  • Amo a las mariposas y los colibríes, me emocionan y me enternece profundamente verlos.
  • Me hace feliz rodearme de colores vivos y brillantes, en paredes, ropa, flores y telas!
  • Amo abrazar árboles y sueño con subirme a un gran árbol en el que pueda recostarme cómodamente.
  • Siempre que estoy sola, hablo conmigo misma, es mi forma de clarificar mis pensamientos y conscientizar mis emociones.

Ahora, con gusto entrego a estos maravillosos 10blogs, el premio, porque son siempre motivo para mí de inspiración, alegría, aprendizaje y encuentro.

jueves, 10 de febrero de 2011

10 COSAS QUE HE APRENDIDO DE MI HIJO

10 cosas que he aprendido de mi hijo


"10 cosas que he aprendido de mi hijo es un carnaval de blogs cuyo propósito es hacernos reflexionar, compartir, reír, emocionarnos y facilitarnos una mirada en retrospectiva acerca de cuánto hemos aprendido desde que emprendimos el camino de la maternidad."

Quiero darle a este post la mayor fluidez posible a pesar de que la idea de reducir a 10 cosas todo lo que mi hijo me enseña me resulta complicada, quiero escribirlo espontáneamente y ser fiel a lo que me surja en este momento, aceptando que mucho quedará fuera y que no será impecable ni perfecto, porque, bueno, porque eso es algo que también he aprendido de mi hermoso hijo, que es más importante hacer las cosas salgan como salgan, que no hacerlas :)
  1. ASOMBRO..........Asombro ante la prueba positiva de embarazo, ante la impetuosidad de sus latidos a las 9 semanas, asombro ante la infinitud del amor que siento por mi hijo desde que lo supe en mí. Asombro ante el dolor de las contracciones, ante la vulnerabilidad inmensa en el hospital, asombro divino al parir a mi hijo y sentirlo y verlo surgir de mí, absolutamente único y perfecto. Asombro inmenso de ternura y universos en los ojos de mi hijo todos los segundos, todos los momentos, toda la vida.
  2. AUTENTICIDAD..Mi hijo es maravillosamente auténtico. Benditamente conserva casi intactos sus instintos y su voz. Cada día (cuando me sintonizo con él y con mi ser) ,es una belleza estar con él y aprender de su fluidez, de su ser a cada instante, y otras,(cuando no estoy receptiva ni dispuesta) es una lucha entre su autenticidad y mi ego y mis creencias rancias como esas que dicen que la madre/adulto sabe más, debe tener el "poder" y ejercerlo para "educar". Afortunadamente cada día estoy más interesada en amar a mi hijo que en gobernarlo.
  3. CREATIVIDAD.....Nada tan mágico e inspirador como las manitas de mi hijo trazando líneas llenas de energía en todas direcciones, llenando de color un papel revolución, estampando de pintura las paredes, construyendo máquinas maravillosas desde el universo de su imaginación, invocando las canciones de su interior y recreando mundos infinitos con sus palabras. Nunca antes mi imaginación había sido tan estimulada como ahora cuando intento buscar respuestas a los incontables cuestionamientos de mi hijo, como cuando busco explicarme todos los sentimientos con los que mi hijo me ha confrontado sin evasión deseable, como cuando trazo mapa tras mapa desde mi corazón hacia el suyo destruyendo con ellos los caminos antiguos que ya no quiero andar con mis pasos.
  4. PERSISTENCIA....Es el segundo nombre de mi hijo. Persistencia mañana, tarde, noche y sus intermedios, persistencia en la voluntad de lograr algo que desea, que visualiza y que nombra suyo. Persistencia en la vida, en el amor, en ser él mismo, en recibir respuestas que satisfagan su curiosidad, en experimentar la vida, en expresar su ser, en jamás quedarse con un no vacío, en entender el por qué, el cómo y en buscar siempre alternativas que conduzcan a su plenitud. Persistencia divina, que me invita a crecer.
  5. LIBERTAD......En el contraste de la libertad innata de mi hijo, puedo conscientizar todas mis ataduras, los miedos con los que me he identificado y todos los condicionamientos absurdos en lo que he creído. A través de la luz que mi hijo me proporciona en su inocencia, puedo ver a veces con dolor, otras con incredulidad, todas esas cadenas que me he impuesto por ignorancia y, paso a paso ir desprendiéndome de ellas, ir soltándolas y permitiéndome, ser (de nuevo,)libre!
  6. EXPERIMENTACIÓN....Qué maravilloso es ver el mundo a través de la experiencia de un niño...Todo el mundo se nos muestra como un infinito de interesantes posibilidades, una oportunidad tras otra de sentir, de experimentar, de vivir, de gozar, de atreverse, de ser, de expresar, de descubrir, de imaginar, de crear...
  7. FLEXIBILIDAD.....Ser madre me invita cada día a verlo todo con una nueva perspectiva, es un apremio a recuperar la propia infancia para caminar lado a lado con mi hijo. Mi hijo me lleva de la mano en este viaje y es mi más grande maestro entre todos los que tengo. Cada día me muestra el valor de la humildad y el gozo de la flexibilidad, ese rendirse a lo que no sé, a lo que no puedo controlar, a lo que no me pertenece, a lo que no logro dilucidar y sólo, a partir de ahí, encontrar que a través de la flexibilidad siempre puedo conectar con las ideas, las formas, los modos, los hábitos y las creencias que son armoniosas, amorosas, gozosas y pacíficas en cada momento dado. Flexibilidad es fuerza, es valor, es amor.
  8. GENEROSIDAD.....Mi hijo es profundamente generoso. eso no significa que siempre ceda su lugar, que siempre comparta sus juguetes ni que sea complaciente, esas conductas que se suelen traducir como actos de generosidad, no figuran en su actuar. Como mi hijo no sabe mucho acerca de nuestras ideas sobre la generosidad, es espontáneo, honesto y libre para expresar cuando así le nace esa generosidad maravillosa que los niños tan a menudo nos dan. Una sonrisa, un te amo, una caricia, una mirada llenita de luz...y especialmente, su inmensa generosidad al mostrarse tal cual es, dar cuando quiere y lo que quiere, dar cuando le hace feliz dar. Mi hijo es mi mayor ejemplo de generosidad.
  9. CONSCIENCIA.....No hay suficientes palabras para expresar de qué forma mi hijo me ha motivado a descubrirme a mí misma, a ser consciente de mí, entera, desnuda, completa. Desde que mi hijo me habitó se despertó en mí gradualmente la necesidad de contactar conmigo misma en lo más profundo, mi hijo me ha invitado a andar un camino perenne, emocionante, que a veces duele, a veces asusta, a veces es complicado, pero que siempre, siempre me acerca un poco más a él. Siento que este viaje es como si me sumergiera en un oceano que es, unas tormentoso, otras, pacífico, otras oscuro y otras, luminoso, pero del que siempre emerjo más limpia, más yo, y que sólo a través de él puedo contactar con verdad y con verdadero amor con mi hijo.
  10. AMOR.......Emiliano me ha hecho descubrir la incondicionalidad del amor. Soy muy amada y de cada persona que me ama y a la que amo, he aprendido sobre el amor, pero mi hijo ha despertado en mí una consciencia de amar más grande, compleja, rica y profunda de la que yo podía vislumbrar. Emiliano me muestra que no hay límite para el amor, si verdaderamente nos atrevemos a amarnos, que amar comienza conmigo, que para amarlo como deseo que sea amado, necesito amarme totalmente y que aún en los momentos grises en que no me siento merecedora de amor ni capaz de amar, él me ama, exactamente como soy, en cada momento dado. Yo estoy siguiendo sus pasos, agradecida infinitamente con la vida por la existencia de mi hijo en mí, y a mi lado, aprendiendo a amarme, para amarlo como él es capaz de amarme a mí.
¡GRACIAS HIJO!



martes, 18 de enero de 2011

De madre a madre

A partir de un valiente post de una mamá bloguera, cuya creatividad y constante búsqueda yo admiro, me nació este post, que empezó siendo un comentario en su entrada, pero que se extendía y que a fin de cuentas, terminó siendo, como cada comentario que una hace a los demás, algo que en realidad yo necesitaba clarificar y expresar.

Ser madres es un trabajo tan intenso, demandante y trascendental, para el que sin embargo venimos con la sola preparación que nos da el haber sido hijas y testigos de la forma de ser madre que conocimos a lo largo de nuestra vida.
Se nos ha enseñado que el éxito está en la competencia, en ser el mejor, en no cometer los mismos errores, en una exigencia constante que sólo nos deja sintiéndonos agotadas y nunca satisfechas y todo eso lo trasladamos a nuestra forma de maternar.
Además de todas las acciones prácticas y cotidianas que conlleva la maternidad, el ser madres conscientes y presentes implica actos que algunas de nosotras habíamos realizado escasamente antes de ser madres:
El estar atentas, observando, escuchando, percibiendo hasta parecer pasivas por momentos para mejor comprender que es lo que nuestro hijo en verdad necesita de nosotras en cada monento dado, el soltar el afán de control para estar receptivas y confiar en las crecientes capacidades propias y de nuestro hijo, en nuestra fuerza y valor, en nuestro infinito amor (aunque no siempre se manifieste en las formas "perfectas" que deseamos),en nuestra plasticidad para adaptarnos y aprender, en nuestro instinto.
Cuando se nos pasa el enamoramiento y ese bebé adorable nos parece cada vez más demandante y menos dispuesto a complacernos, más autónomo y desafiante, el satisfacer sus necesidades y demandas se vuelve más complejo.
No es nada sencillo renunciar de golpe a gran parte de lo que era nuestra rutina, nuestra vida, nuestra individualidad y permanecer todo el día y parte de la noche receptivas, atentas, alertas, amorosas y disponibles a los llamados de nuestros hijos.

Cuando las dificultades asoman y se multiplican es natural sentirse agobiada, perdida, es natural equivocarse y andar de un extremo a otro hasta que somos capaces de encontrar una especie de balance que en cuanto nos resulte cómodo y fácil habremos modificar para dar paso al siguiente por que para entonces nuestro hijo ya cambió, ya creció y con él los retos y desafíos.

A mí me ha costado mucho empezar a comprender y aceptar que así como dí a luz a mi hijo, me estoy alumbrando a mí misma como madre y que esa misma ternura y paciencia (aunque jamás "perfectas") que logro tener con mi hijo y que nunca antes había tenido con nadie más, también las debo tener para mí, porque me he sentido en momentos tan abrumada por las constantes necesidades de mi hijo, aunadas a mi cambiante disposición para satisfacerlas, mi ignorancia y falta de contacto con mi propias necesidades (infantiles y adultas) no escuchadas y no satisfechas, que termino sintiéndome la peor madre y me desanimo, me enojo y todo se va de pique.

Poco a poco he comenzado a permitirme ser cada vez más amorosa y tolerante conmigo misma en mi maternidad, y con tolerante me refiero a decidir ver mis equivocaciones como parte necesaria de este aprendizaje que día a día vivo, a entregarme una mirada comprensiva y compasiva.

No se trata de negar, justifiar ni restar importancia a nuestras decisiones erradas, ignorantes, agresivas o inconscientes, sino de entenderlas lo mejor que podamos para saber no sólo de dónde y por qué vienen sino qué podemos hacer la siguiente vez que nos enfrentemos algo similar.

En mi opinión, la mayoría de las madres estamos siempre tan preocupadas por nuestros hijos, tan interesadas en proveerles lo mejor y siendo tan exigentes con nuestras acciones al respecto, que simplemente la demanda sobrepasa nuestras capacidades.

Para mí la respuesta es el amor, amor a nuestros hijos y amor a nosotras, amor a la sagrada labor que todos los días hacemos al ser madres, amor incondicional en la medida que nos vaya siendo posible a cada momento, amor imperfecto, no ideal, pero infinito.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Los consejos de crianza que me hubiera gustado recibir...

Hoy mi aportación es en respuesta al CARNAVAL DE BLOGS DE EDUCACIÓN CONSCIENTE Y CRIANZA RESPETUOSA iniciado por Laura Mascaró, en su blog TARKUS KIDS.

LOS CONSEJOS DE CRIANZA QUE ME HUBIERA GUSTADO RECIBIR

Seguramente te pasó que, al embarazarte, todo mundo comenzó a regalarte consejos no pedidos sobre crianza... qué maravilla!, si tan sólo los consejos fueran hechos siempre desde el amor y la buena energía en lugar de surgir del miedo y la inconsciente repetición de mitos y paradigmas aprendidos.

Confieso que a raíz de mi embarazo y la lluvia de consejos y teorías deprimentes que recibí, decidí no hacer lo mismo de ahí en adelante, nada como experimentar el no poder cerrar oídos y conciencia a todo el miedo que la humanidad cargamos acerca de la vida, el nacimiento, la libertad y el amor, increíble o no?

Si me pongo en modo CONSCIENTE y pienso antes de hablar y actuar, de pronto caigo en cuenta de la cantidad de basura que hablamos en torno a nuestra maternidad y la crianza de nuestros hijos.... ¿por qué?
¿Será que no queremos salirnos del esquema común y hablar de lo mucho que se nutre nuestra alma cada vez que amamantamos a nuestros hijos y sentimos su manita acariciándonos y sus ojos brillantes viéndonos? ¿será que necesitamos ese vínculo momentáneo y "reconfortante" que nos provee el compartir nuestras "malas"experiencias en relación a nuestros hijos?, esas noches en que nos despertamos cada tres horas o la vez que gritó a voz de cuello una grosería en frente de toda la familia, los berrinches, su tozudez, su perenne no, etc.
Y sí, de pronto somos todas una sola madre hablando de lo mucho que nos hacen trabajar nuestros hijos, los modos en que nos quieren manipular, lo fácil que nos toman la medida, el cómo no debemos dejarnos para que el día de mañana no se nos salgan de control y una sarta de barbaridades que, si nos detenemos a analizar, tal pareciera que estamos refiriéndonos a algún enemigo del que debemos protegernos, so pena de perder algo importante.
En realidad, nuestros hijos nos enseñan de tantas y tan sabias maneras a soltar lo que ya no nos sirve dentro de nuestros modos de pensar, de actuar, de creer y de vivir, si tan sólo nos atrevemos y abrimos nuestras conciencias y corazones. Tremendo desafío.
De modo que ésta es la carta que hoy yo le entregaría a la Vanessa que se supo recién habitada por una alma además de la propia.


Querida Vanessa:
Te abrazo con ternura infinita y celebro el milagro que estás viviendo. Estoy aquí para decirte que hoy comienzas la tarea más sagrada de tu vida, sé que sabes que no será sencillo, pero quiero recordarte que la complejidad de esta labor es proporcional a la belleza de la misma.
Sé que a pesar de que habrá momentos difíciles y experiencias simples que en un momento dado te parecerán monumentales, saldrás adelante y siempre con un aprendizaje en mano.
Quizá te sorprenderá saber que en ésta inmensa tarea, de poco servirán los libros, ni los consejos (incluído éste), si no conectas contigo misma en lo profundo, con los sentidos abiertos y las emociones libres al mismo tiempo que escuchas y te permites sintonizar con el alma de tu hijo cada vez que sea necesario.
Ya sé lo que estás pensando, -Que es imposible que puedas estar conectada y atenta el 100% de las veces- y tienes razón, no te será posible hacerlo; pero felizmente ni a tí ni a tu hijo les será necesaria tal utopía.

En este andar que hoy comienzas, lo más importante, no, lo único importante es el amor y no me refiero exclusivamente al amor que sentirás de manera incontrolable y abrumadora por tu hijo, sino también del amor que siempre has deseado vivenciar de manera perenne, el amor incondicional.
Tendrás la magnífica oportunidad de vivenciar ese cliché de que no puedes dar lo que no tienes porque, sabes qué? Es cierto.
Puedes fingir que lo das, puedes intentar y esforzarte al máximo por hacerlo pero a fin de cuentas descubrirás que si no comienzas a sentir amor genuino por tí, por tu cuerpo, tu mente, tus emociones, tu ser entero, tu alma y tus vivencias, no podrás expresarle a tu hijo limpia y fluidamente, ese amor que quieres entregarle.
Y ahí es donde empieza la aventura más intensa, profunda y emocionante y sí...también compleja, porque esta relación que hoy empiezas, no es sólo con tu hijo, sino contigo misma.
Verte entera, completa y comenzar a separar y soltar lo que creías que era tuyo, pero no lo es y a incorporar e integrar, a expresar en tu vida, lo que sí te pertenece.

La maternidad te hará como nunca ser gozosa y dolorosamente consciente de tí misma, de tus límites y capacidades, para intentar trascenderlos, pero primordialmente, para aceptarte y AMARTE tal cual eres, a cada momento, a pesar de que a menudo te sientas tan lejana a tus expectativas.
Y te aseguro que habrán muchas ocasiones en que te sientas así ;) , mientras aprendes a desprenderte de esas falsas expectativas.

Tu hijo es lo más preciado que jamás hayas recibido, pero no es tuyo.
No intentes retenerlo, forzarlo, limitarlo ni adecuarlo a lo que crees que debe ser.
Si te permites verle y amarle a través de un profundo respeto por el ser divino, mágico y hermoso que ya es, que siempre ha sido y será, el amor fluirá entre ustedes limpio y vital. Pero no te culpes cuando falles, vuelve a intentarlo una y otra vez.

No te asustes cuando el enamoramiento pase y comiences a sentirte un poco fastidiada de levantarte tantas veces cada noche con los ojos bizcos de sueño, o de jugar a los mismos juegos vez tras vez, o de contar quince cuentos seguidos, o de cualquier otra nimiedad parecida.
Reconoce tus sentimientos, háblalos con tu hijo, lleguen a acuerdos, amar no significa sacrificar tus deseos por los del otro, así sea tu hijo, enséñale a través del ejemplo a encontra soluciones creativas en donde los deseos que parecían enfrentarse pueden coexistir y a seguir deseando y soñando, pidiendo y expresando agradecimiento por lo recibido.

No tengas miedo si de pronto sientes que no puedes con el paquete, que no naciste para ello, que es mucho más difícil de lo que creías y quieres renunciar...sólo estás cansada y quizá no te has dado el tiempo para valorar cada una de las pequeñas/inmensas labores de amor que a diario realizas. Detente y hazlo...respira, descansa.

No te culpes cuando pierdas la paciencia y alces la voz, repitas lo que te juraste jamás dirías cuando fueras madre y caigas en comportamientos que usualmente desapruebas....reconoce tu humanidad, tus esfuerzos, tus intentos y sabe que tu hijo aprende de tu ira también, no la reprimas, explícale lo que sentiste y pide disculpas, tu hijo entiende mucho más de lo que alguna vez imaginaste y olvida esos detalles sin importancia mucho más rápido que tú.

No te agobies por desear darle a tu hijo todo lo que quisieras que reciba, de una vez te digo: Es imposible.
Felizmente hay un sinfín de recursos y posibilidades para que tu hijo tenga todo aquello que merece, recuerda, no todo depende de tí.

Cuando comiences a sentir enojo porque no puedes hacer lo que deseas a cada momento dado y te frustres por sentirte confinada a una tarea que de momento sientes monótona y sin reconocimiento social, permítetelo, siéntelo y exprésalo a una amiga o por escrito, déjalo ahí para luego volver a él cuando ya te hayas calmado, reconoce qué es lo que tu ser te está pidiendo en lo profundo y busca maneras sanas de saciar esa necesidad.

Recuerda las veces que sean necesarias, que al criar a tu hijo estás haciendo la labor más importante y valiosa del mundo, que además, nunca antes habías sido tan consciente de tus pensamientos, sentimientos y acciones al mismo tiempo que de los de tu hijo, es natural que te sientas cansada y aún abrumada, apapáchate por todo lo logrado, vuelve a enfocarte en lo importante y en cuanto puedas regálate un momento (de esos que llaman egoístas) y disfrútalo!

Ténte paciencia, no te gastes intentando ser la mamá, mujer, esposa, artista y ama de casa "perfecta", suelta las ideas aprendidas de cómo "debes" ser y actuar... sólo son ideas.

Ésta, es la oportunidad idónea para centrarte en lo que verdaderamente nutre tu alma y sólo tú sabes que es a cada momento dado, pero te aseguro que jamás será la casa impecable, ni el niño "bien portado", ni el libro más excepcional, ni nada de eso.

Es al principio desconcertante, desafiante y después muy divertido, aprender como no existen lineamientos exactos ni infalibles para vivir, criar y ser.
Creías saberlo verdad?, pero en el fondo siempre deseabas que los hubiera.
Sé que siempre estarás buscando mejores maneras de criar a tu hijo leyendo, preguntando, escuchando, observando, intentando...

Sin embargo descubrirás que no hay una fórmula ideal preestablecida para criar exitosamente a tu hijo y que aunque a fin de cuentas las experiencias puedan parecerse tanto y los consejos adecuarse a muchas vivencias y sentires, esa diada que conforman tu hijo y tú, es absolutamente única y esa es una de sus riquezas.

Sé que esto te costará trabajo al principio pero....
Relájate!
Disfruta el viaje
Con tu hijo de la mano aprenderás, o quizá sólo recordarás, que la vida es este instante en que estás respirando, tu corazón latiendo, tu ser existiendo y que depende de tí disfrutarla.
¡Te amo!
Y aunque a veces lo dudes, tú tienes todas las respuestas en tu corazón si te detienes a escucharlas.


jueves, 14 de octubre de 2010

Educar sin castigos o algo así...

Hace una semana que leí el tema de ésta semana del CARNAVAL DE BLOGS y no he sido capaz de escribir hasta hoy.
Cómo me ha hecho reflexionar este tópico.
La salida fácil sería escribir sobre lo que los expertos recomiendan y las consecuencias de estas acciones, pero... no fingiré que soy la madre ideal: ecuánime y siempre centrada, zen.
A pesar de mis esfuerzos,cada día, en relación a mi hijo, hay por lo menos un momento en el que pierdo la paciencia, me enfado, digo cosas que no quiero y de las que luego me arrepiento, a veces amenazo, soborno y chantajeo.
Jamás golpeo, pero en realidad no importa tanto si son golpes, jalones, palabras hirientes, miradas amenazadoras o humillaciones: el resultado es similar.

Para mí, el castigar lleva implícita una intención de desquite - Te castigo porque me enojó tu comportamiento y como quiero desahogar mi sentimiento de frustración, ira, molestia, verguenza o lo que sea, te hago sentir mal para yo sentirme mejor, pero como aceptar esto me resulta intolerable, justifico mi acción con el discurso de "lo hago por tu bien", para "educarte". Y hasta me convenzo de que esa es la verdadera motivación detrás de mis actos.

Castigar, en mi opinión, es inflingir dolor, ya sea físico o emocional, y creo que la "necesidad" de aplicar un castigo proviene de una sensación de pérdida de poder por parte de quien lo ejecuta y, en su inconciencia, busca "recuperarlo" ejerciendo su capacidad de dominación del otro por la vía de la fuerza.

Concientemente pienso que jamás desearía eso para mi hijo, que lo defendería ferozmente de quien lo lastimara, pero, ¿qué pasa cuando soy yo quien le hiere?
Pedir disculpas, explicar, besar y abrazar, ¿acaso borran lo hecho y dicho en un momento de inconciencia?
Seguramente no, pero quiero creer que al menos lo atenúan y que permanecerá más firme en su alma todo aquello que logro realizar en conciencia, mientras me mantengo en sintonía con lo verdaderamente importante, cuando puedo sintonizar con mis emociones, necesidades y límites a la par de los de mi hijo y expresar lo que estoy sintiendo y necesitando de formas sanas y claras, en lugar de sólo reaccionar.

De momento yo navego entre las palabras, siempre tratando de expresarle a mi hijo el por qué de mis acciones, de las "reglas", negociando, dialogando, llegando a acuerdos, sin manual explícito, guiándome por el sentimiento, el instinto y por mi hijo mismo.
La mayoría de las veces éste método funciona y convivimos en paz y alegría, otras no, nuestros temperamentos y deseos chocan y se desata la tormenta, la lucha de poderes en que caigo sin darme cuenta y en la que siempre siempre salimos heridos ambos.

Ser padre/madre es una labor inmensa e increíblemente compleja para la que definitivamente nunca estaremos suficientemente preparados sin importar nuestra crianza, nuestra educación, lecturas y demás. Claro está que todo ello influye en un sentido u otro, pero aceptémoslo: Nuestros hijos son los maestros más importantes que jamás tendremos, los que ponen a prueba cada una de nuestras verdaderas creencias y las sacan a la luz para que las veamos a ojos abiertos y las trascendamos si nos atrevemos y nos comprometemos a hacerlo. A veces ese crecimiento interno y esa confrontación tan cruda con nosotros mismo no puede afrontarse más que a partir de la motivación que nos dan nuestros hijos y el infinito amor que les tenemos.

La maternidad es un viaje hacia la conciencia y aunque no siempre lo logro, intento estar a la altura del reto, intento con inmenso amor, con alegría, a veces con intenso cansancio o incluso con agobio, este andar, de la mano de mi hijo, escuchándolo atenta, viéndolo arrobada de amor y agradecimiento por tenerlo aquí a mi lado, sumergiéndome en su inocencia, sorprendiéndome con su sabiduría y sintiéndome translúcida ante su limpia mirada.

Mi hijo me enseña a diario a soltar la ilusa creencia de que yo tengo el control. Me muestra que la vida no se planea, se vive como es a cada instante y que si yo me enfurruño, me enojo y me desespero porque las cosas no son como yo las quiero, él en cambio ríe, juega más, grita, brinca, corre, se enoja, llora y expresa su ser entero tal cual es a cada momento, sumergiéndose en cada emoción sólo durante los breves instantes en que lo necesita para vivirla a totalidad y luego olvidarla, pasando a la que sigue.

También me enseña que él me ama tal cual soy, con mis intentos, mis aciertos y mis errores y que, tras el caos, siempre hay una nueva oportunidad de aprender a amarme y amarlo con el nivel de amor que él me ofrece cada día, ese amor intenso y turquesa, oloroso a pasto, a tierra mojada, a dulce y a cabecita sudada, teñido de deditos coloridos y lleno de morusitas de manzana.

sábado, 9 de octubre de 2010

CARNAVAL DE BLOGS

Ayer ví por medio de facebook, una invitación hecha por Lau, creadora del blog TARKUS KIDS para escribir un post relacionado con el tema CRIAR Y TRABAJAR haciendo así un "Carnaval de blogs de educación consciente y crianza respetuosa".
La idea me encantó y como me enteré el mismo día en que había que entregar los escritos, rauda y veloz me puse a escribir un intento de post fluido y bien redactado que expresara mi opinión general sobre el tema. Aunque el post me gustó, siento que tengo mucho más por decir, pero bueno, ya lo iré haciendo, lo importante es que se den una vuelta por el blog que les mencioné y puedan ahi accesar a los otros post que se hicieron sobre el tema, que seguro serán por demás interesantes, yo apenas los voy a leer ;)

Ayer ya con la prisa, no extendí la invitación y sólo escribí mi post lo mejor que pude en el breve tiempo que tuve disponible para hacerlo, pero, me encantaría conocer la opinión sobre el tema de tantas de ustedes que leo... Si alguna decide escribir sobre eso, por favor no deje de avisarme, me encantará leerlas y leerlos.
Y muchas gracias a Laura Mascaró Rotger por abrir esta oportunidad, que creo tendrá muchas más ediciones y por la labor que realiza en pro de la educación respetuosa y la educación en casa (homeschooling).

viernes, 8 de octubre de 2010

De Criar y trabajar o de todo lo que se me ocurrió escribir aunque ya no tenía que ver con el tema ;)

Durante casi 5 años fuí maestra de maternal en un kínder. Los niños a mi cargo tenían dos años y medio en promedio. A raiz de estar en contacto constante con ellos y sus madres, llegué a la conclusión de que los niños de madres cuyo trabajo les mantenía lejos de sus hijos durante la mayor parte del día, a menudo tenían comportamientos agresivos a sí mismos y a los demás, entre otras cosas.
En ese entonces no era madre y de haberlo sido, mi conclusión hubiera sido seguramente muy distinta, porque ajena al mundo de la maternidad, me era muy sencillo juzgar el comportamiento de las madres e incluso en mi mente, solucionar los problemas que tan claros le parecían a mis jóvenes e inexpertos ojos.

Ahora soy madre y entiendo que una nunca puede ser todo lo que deseaba ser como madre, que no puede evitar caer en ciertos comportamientos y actitudes que se juró nunca realizar y que, para resumir, maternar es adentrarse en un universo que una cree conocer pero en el que nunca termina de sorprenderse y aprender, de conocerse y de crecer.

Yo tuve la fortuna de poder elegir si quería trabajar fuera de casa o quedarme, muchas mujeres simplemente no la tienen. Y yo decidí hacer de la crianza de mi hijo mi trabajo a tiempo completo, al menos en teoría, porque en la práctica como suele suceder, las cosas no son tan simples.

Tras los dos primeros años de vida de mi hijo en los que mi enamoramiento y asombro permanecieron intocables, mi estancia en casa como mamá de tiempo completo fué maravillosa.
A partir de los dos años y medio comencé a sentirme cada vez más inquieta, con deseos de volver a pintar, de crear, de tener más tiempo para mí para escribir, salir, conversar de otros temas que no tuvieran que ver con los ires y venires de la vida hogareña y maternal, quería, necesitaba tiempo a solas para dormir, hablar en voz alta o simplemente..pensar sin interrupciones constantes.

Ha sido todo un desafío para mí conciliar mis deseos y necesidades con los de mi hijo, o al menos con la idea que yo tengo de nuestros deseos y necesidades. Es un desafío criar a un hijo sintiéndose tantas veces incompetente, a punto de cometer un error que traumará al hijo en cuestión de por vida o cayendo en el rol de la madre sufrida en el que se termina agotada, resentida y creyendo que una se merece casi casi una canonización por "todos los sacrificios que hace".
Es un reto ser madre en cualquier tiempo y circunstancia porque la maternidad nos enfrenta a nosotras mismas de una manera espectacular y nos pone, en el mejor de los casos, a cuestionar nuestras creencias y el trasfondo real de nuestras acciones. Es todo un reto ser una madre presente e informada en estos días en que la información, toda clase de información abunda en la red y donde uno accede a tantas teorías que en ocasiones parecen multiplicar en nuestra mente las posibilidades de ser una madre ineficiente, y lo peor de todo, de hacerlo con conciencia de nuestra (aparente) ineptitud.

Yo de verdad creo que trabajar o no trabajar fuera de casa mientras se es madre es un asunto absolutamente personal y que una madre informada y consciente, amorosa puede conciliar (o al menos intentarlo) su vida laboral ya sea por necesidad o por gusto, con su labor de madre.
Conozco mamás que, increíblemente se las arreglan para trabajar fuera de casa y al llegar a su hogar pasan tiempo de calidad con sus hijos y pareja, salen a pasear y mantienen sus amistades, atienden a reuniones espirituales, visitan a los familiares, hacen comida y limpian la casa....
Sé que lo hacen, cómo?, ni idea. Pero son madres felices, sanas, con hijos felices que no dejan de desarrollarse maravillosamente porque van a una guardería, ni porque no usan pañales de tela o porque comen azúcar y toman refresco.
Y el que eso me maraville muestra qué tan bombardeadas de información y de "debes" estamos las madres que no sentimos informadas o intentamos estarlo.

Yo creo fervientemente que no hay un patrón en el que acomodarnos a la hora de ser madres, que increíble y maravillosamente, nuestros hijos vienen tan bien equipados que a pesar de nuestros intentos y carencias, nuestra sociedad, las escuelas, las vacunas, la comida chatarra, la televisión y las creencias de moda así como las de la antigua escuela (agreguen aquí todos los etcéteras que consideren pertinentes), terminan desarrollándose bastante bien. Y conste que hablo de crianzas "promedio", si es que tal cosa existe, en las que no hay violencia ni maltrato deliberado,por supuesto.

Más que sumergirme en un debate o un análisis sobre el efecto que tiene sobre un hijo el que su madre trabaje o no y todas las derivaciones en su vida que surgen de esa decisión, quiero expresar que en mi opinión una de las mejores enseñanzas que como madre puedo darle a mi hijo es ser honesta conmigo misma y amarme como soy. Y con eso me refiero a que no me fustigaré interiormente (o intentaré no hacerlo) por no ser la madre que quisiera y no logro ser, esa que está en sintonía con los ciclos de la naturaleza y de sí misma y vive de acuerdo a ello, que transfiere su respeto y amor por el planeta a cada uno de sus actos y decisiones, que es amorosa, divertida, paciente y presente la mayor parte del tiempo, que mantiene conciencia de que su hijo no es una extensión de sí misma, sino un individuo que merece todo su respeto y por tanto no cederá al impulso aprendido de manipular, amenzar, ni de coaccionar su comportamiento usando todo tipo de triquiñuelas absurdas, que sabe poner límites amorosos y decir no cuando verdaderamente quiere decir no y sí sólo cuando conscientiza a lo que se está comprometiendo al asentir, que consume conscientemente y pone especial cuidado en lo que ella y su familia comen, leen, ven y escuchan, que piensa antes de actuar y decir para no impregnar a su hijo con sus prejuicios e ignorancias, que sabe vivir acorde a sus prioridades, entre las cuales está por supuesto el bienestar integral de su hijo, que permite y promueve la libre y sana expresión emocional y de pensamiento, que educa en casa sin sentirse abrumada por la constante presencia, interrogantes y curiosidad natural de su pequeño y que camina en pos de su plenitud sin abandonar sus sagrados deberes como madre y pareja. (y amiga, hermana, nuera, cuñada, etc.)

Jajajaja, sencillo no?
Pues no!, para mí como madre es una lucha cada día y (en días menos afortunados, cada hora,) por conciliar los deseos que surgen de mí y que a veces ni siquiera coinciden con mis necesidades, con los de mi hijo, que a menudo presenta esta misma disyuntiva aunque no tan frecuentemente, debo agregar. Para mí es ya de por sí un reto educarme y entenderme a mí misma y digerir toda esa información que leo que en teoría me parece maravillosa pero en la realidad me abruma y me parece tan lejana, para después intentar aplicarla a mi vida cotidiana, para mí es un reto diario el asumir, por absurdo que parezca, que ya no soy una niña, ni una novia consentida, sino una madre, una pareja y una ama de casa que tiene como deber el organizar todos estos roles de una manera al menos levemente eficiente sin caer en el caos total ni en la locura.

Trabajar o no fuera de casa, dar pecho o no, vacunar o no, comer orgánicos o no, educar en casa o no, ser ecológica o no, saben? Creo que eso no nos hace ni mejor ni peor madres, creo que lo que nos hace mejores personas y en consecuencia mejores madres, amigas, mujeres en general, es ser auténticas y dar lo mejor de nosotras cuando podamos y descansar cuando no podamos seguir, pedir ayuda cuando estemos cansadas, mostrarnos vulnerables y humanas ante nuestros hijos, con dudas e ignorancias, con errores, infinitud de ellos, pero con nuestra mejor disposición de aprender, enmendar, pedir disculpas, reirse de una misma de vez en cuando y no tomarse tan en serio y de cada día, despertarse agradeciendo lo que somos, lo que hacemos, las bendiciones que tenemos y tratar de seguir sintiéndonos agradecidas al llegar la noche, de poder sentirnos satisfechas no porque estamos siguiendo las reglas de nuestro librito personal, sino porque, hagamos lo que hagamos, estamos haciéndolo en conciencia y con profundo amor, o al menos...intentándolo.